Del capitalismo al humanismo

Este artículo no es ninguna conspiracíon socialista, sino más bien reflexiones sobre la forma de dirigir nuestra sociedad, y por tanto nuestras empresas. A veces pienso que hemos errado el tiro, subirnos tan de golpe a una sociedad altamente capitalista tiene un precio, y cuando uno mira hacia lo que nos dejamos atrás no puede sentir sino tristeza. En mi último libro “La empresa que quería salvarse y no sabía cómo” hablo de los nuevos paradigmas empresariales, uno de ellos es la cooperación. Un paradigma opuesto a la competición, que tanto nos gusta en las empresas.

En un momento del libro, el Padre Augusto les dice a los protagonistas “Ningún árbol es tan estúpido para que sus ramas se peleen entre sí”… Pues yo creo que nuestras ramas están siempre en constante discordia. Quizá a nivel de empresa lo hacemos bastante bien, tratamos de mantener un buen clima dentro de nuestras organizaciones (aunque tampoco suele ser así), pero una vez que uno mira al exterior ve demasiada lucha y agresividad… de esta forma compiten entre sí los Estados… Oriente contra Occidente… Norte contra Sur… Alemania vs España… es decir solemos mirar al mundo en términos de ganadores y perdedores… pero ¿No formamos parte del mismo árbol?… entonces ¿Para qué competir tanto?...

A veces pienso que si los extraterrestres nos pudieran ver se extrañarían de nuestro comportamiento: Somos el único planeta que alberga vida en muchos millones de años luz a la redonda, y sin embargo nuestro mayor problema reside en competir con el otro, en hacerlo pequeño para que yo me haga grande… Uf… a veces me dan ganas de cambiarme de planeta.

ramas arbol

¿Y si creamos una economía basada en otros principios?. Si a nuestra sociedad la llamamos capitalista, estamos diciendo que aquí lo único importante es el dinero. Siendo así, no me extraña que hayamos errado el tiro. Pero ¿y si cambiamos a una sociedad humanista? en la que lo importante sea lo humano, el valor central, el eje ¿Cómo sería vivir así?

Existe un movimiento llamado la Economía del bien común, desarrollado por el economista austriaco Christian Felber  que también te invito a conocer. La palabra competitividad esconde algo que no es del todo ético, para que a mi me vaya bien, a ti te debe de ir mal, tú y yo competimos. Hemos creado un mundo de ganadores y perdedores, y siendo así, no podemos sino además, de estar en constante lucha, dejarnos a muchas empresas, personas por el camino… e incluso al planeta en que vivimos.

La competitividad existe por el miedo, el miedo a no tener nos obliga a competir entre nosotros, y de ahí viene la codicia, que no es sino una consecuencia de una mente empobrecida. La clave aquí es pensar en términos de que hay para todos, dejar el miedo para otro día, confiar.

Y en este momento es cuándo el lector dirá: perfecto, quiero confiar, tú primero. Sin darse cuenta de que cuando uno confía corre el riesgo de que los demás se aprovechen de él, pero también tiene la posibilidad de cambiar el mundo. A mi me parece una buena razón por la que vivir ¿te apuntas?

Keep walking

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Acerca de cesarpiqueras

Autor de varios libros sobre liderazgo y productividad y ventas. Conferenciante, y coach ejecutivo senior AECOP, CEO de Excélitas Global www.excelitas.es, certificador de coaches y Presidente de AECOP Levante EMCC Spain

Publicado el 11/10/2013 en Liderazgo y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. La competición por los recursos vitales, es perfectamente adaptativa desde un paradigma evolutivo darwiniano. Nótese el adjetivo “vitales”.
    Existe ya un amplio consenso respecto a las ideas evolutivas de Darwin, el problema se presenta cuando éstas se llevan al extremo, como así hizo en su día la sociedad americana, quien vio en la propuesta de la Teoría de la Evolución, la excusa perfecta para la competición descontrolada y feroz.
    Cualquier sociedad animal compite por los recursos, y vuelvo a señalar, vitales, para garantizar su supervivencia y su transferencia genética al entorno. Pero en el caso de la sociedad humana, con sus conductas económicas, los recursos vitales se transforman en “todo aquello que pueda poseer y controlar, cuanto más mejor”. Con esta conducta, marcada por el egoísmo y la codicia (como bien indicas, estimado César) nos alejamos del comportamiento que se espera en cualquier sociedad animal del planeta y rompemos las reglas del juego de la sostenibilidad.
    Cuando la economía real, que por otra parte no ha inventado el humano y que no es nada más que la gestión eficiente de recursos, se transforma en economía ficticia, la especulación se convierte en el motor social, la riqueza es la máxima aspiración de sus componentes y para conseguirla, no dudarán en romper la cohesión del grupo.
    Un pequeño matiz, pero de gran importancia, el humano es un animal social, evoluciona gracias al grupo, sin él está condenado a la extinción. Aislado, aunque le salga la riqueza por las orejas, no sobrevivirá.
    Aunque no siempre comparto la moralina de la factoría Disney, en esta cuestión sí comparto la propuesta que nos dejó en el “Rey León” con la inversión de roles entre el grupo de leones y el de hienas, saltándose la cadena natural establecida, y llevando al desastre a ambos grupos. Algo parecida es la situación ante la que nos encontramos. Cuando dejamos la gestión de los recursos y la dirección del mundo en manos de los miembros especulativos, apostamos por un futuro de injusticias, desigualdades y estrepitosas consecuencias para la humanidad. Nosotros decidimos cómo queremos comportarnos y ser liderados.

    Un afectuoso saludo, César.

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